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The L Word y el día en el que abrí los ojos

Recuerdo que fue hace ya 4 años. Era un verano como cualquier otro y con las costumbres que conlleva estar de vacaciones: comer y dormir, dormirse muy tarde y por lo tanto, ver tele a altas horas de la noche. Por ser verano también, cabe mencionar, la programación en canales de cable cambian, y meten series con menos capítulos en su temporada.

Así que una de estas noches, en la que mi hermana se había ido a casa de mis primos, decidí dormir en el cuarto de tele. Como a las 10 vi la guía y un programa en especial me llamó la atención. ¿Nombre? The L Word. En ese punto de mi vida tenía conocimiento de la temática que abordaba este programa: la vida de mujeres homosexuales (osease, lenchadas en su más pura expresión). Sin embargo, también recordé en en ese momento que mi mamá le cambiaba cuando pasaban comerciales de la serie, porque decía que “qué asco”.

Supongo que precisamente fue eso lo que me motivó a verla; es como la atracción hacia lo prohibido, el morbo por ver lo que no deberías nunca ver. Entonces esperé hasta las 11 de la noche hasta que comenzó el dichoso programa.

Ése día conocí a los personajes que después, y sin saberlo, serían parte de mi cultura pop televisiva. En ese momento no sabía ni quién era Alice, ni Shane, ni Carmen, ni Bette. Bueno, Bette me llamó la atención porque ¡era la chava de “Flashdance”! Pero ahí no tuvieron mucha importancia.

Recuerdo que era el capítulo en donde Alice está soñando cosas raras. Y más tarde, Shane y Carmen juegan el ya épico “So hot”. Creo que en esa escena me di cuenta de que lo que veía no era asqueroso, como decía mi mamá. No, de hecho todo lo contrario. Lo únito que se me ocurre para describir el sentimiento es… “Wow”.

El episodio terminó. Yo no entendí nada, más que Shane y Carmen medio andaban pero a Shane no le gustaba que se quedaran a dormir. Fue lo único que se quedó, lo siento. Pero todo este proceso continúo cuando intentaba dormir. Ahí empecé a recordar mi infancia y cómo sentía cosas por las niñas diferentes a las que sentía por los niños. Y luego pensé en la Power Ranger rosa. Todo comenzó a tener un poco de sentido.

En fin, ése fue el comienzo del proceso que seguramente muchos han experimentado, y que culmión hace algunos años cuando decidí que yo no era tan straight del todo.

¿Por qué este post ahora? Pues no sé si ya lo hayan visto, pero Warner está transmitiendo la última temporada de The L Word en estos días (la pasan a las doce de la noche), así que supuse que sería un buen momento para recordar ese evento. Yo sé que muchas quedamos súper hartas después del ridículo horrible final, pero hay que admitirlo, nunca dejamos de verlo. Es, por excelencial placer culpable de las lenchas. Después de lo que les relaté comencé a buscar la serie en YouTube, y a verla desde la primera temporada. Al menos a mí, me hizo reir muchísimo durante todas sus temporadas. Así que he aquí mi pequeño post de tributo a The L Word, y al favor que me hizo.

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Sabrosear

Para quienes no lo sepan, el verbo sabrosear puede ser definido como ver de manera detenida a una persona, enfoncándose en su atractivo físico. O sea… es ver a alguien con ganas.

Fue hasta este año que aprendí que había una palabra para eso… antes como que no existía en mi vocabulario. Pero claro, eso no me impedía hacerlo. Una amiga me critica. Dice que es horrible que te “coman con la mirada”. Sí lo es… pero yo digo, ¿si lo haces discret e inconscientemente y la otra persona no se da cuenta? ¿Ah verdad?

Ahora, quiero resaltar el hecho de que yo no era así. Yo no solía fijarme en las chicas tan detenidamente cuando pasaban, o al menos lo hacía MUY pero MUY discretamente. Pero eso era cuando no sabía si era gay o buga o qué diablos. Un poco después, cuando ya había decidido que era gay, le pregunté a una amiga: “¿Cómo van a saber las demás que yo soy gay? ¿Cómo sé yo que otra chica es gay?”. La clásica pregunta del gaydar.

Su teoría era que lo podías saber por la forma en que la chica en cuestión “miraba” a otras mujeres. O sea, si se fijaba en ellas, o sólo las veía como… “normal”. Y entonces pensé: “¡Oh, ahí está la solución!”. Entonces a partir de ahí empecé a fijarme un poco más en las chicas que me gustaban, con la esperanza de que alguien así supiera que yo no era straight. Así pasó el tiempo, hasta que me di cuenta de que ya había adoptado esa conducta y ahora lo hacía inconscientemente. Digamos que se volvió un acto natural en mí.

Eso no siempre es bueno.

Una vez estaba por el barrio gay de Toronto, sola, de 15 años, y caminando sin rumbo. En eso pasa una chava GUAPÍSIMA. Yo me le quedé viendo… pero no consideré que su novia (o la chica con la que se estaba agarrando de la mano) estaba a lado. Recuerdo que me vio con ojos de pistola… y JURO por lo que quieran que si no hubiera caminado rápido… ahí hubiera quedado yo. Y ahí pensé: “¿que me vi tan obvia?”. Supongo que la respuesta era sí. Ahí empecé a considerar ser más discreta. Cosa que de hecho, creo que he logrado porque ya sólo mi amiga se da cuenta cuando lo hago xD.

Bueno, mi amiga y mi chica. Mi chica también se da cuenta cuando me sabroseo a alguien. Y se enoja, y me regaña. Una vez nos enojamos por eso. ¿El objeto de sabroseo? El equipo de volley. Esque también… hay veces en las que sólo es inevitable.

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Respuestas

Hay veces en las que no entiendo, de verdad. En mi experiencia de ver series con temática lésbica (y créanme, es mucha experiencia…) cada vez que veo una historia que nomás parece no llegar a ningún lado, yo me pregunto: ¿¡por qué demonios la sigo viendo!?

No sé ustedes, pero a veces yo me siento taaaan mensa, con mis ojos pegados a la computadora (o a la tele, lo que quieran), viendo capítulo tras capítulo, picándole y picándole al siguiente video de la parejita o historia con la que están traumad@s. Es horrible, admítanlo.

Recuerdo que yo veía una novela alemana, de nombre LHASDUOSJH (LOL, la verdad es que no recuerdo el nombre porque… estaba en alemán :P). Tenía como miles de videos de la parejita gay de ese momento. Le dieron taaaantas vueltas al asunto, y al final yo misma decía: esto no va a llegar a ninguna parte, pero pues de todas formas me aventé lo quinientos mil videos hasta que una de las chavas se fue. Pero en el inter, recuerdo que las chavas sí hicieron algo, una escena bastante bonita que me dejó con un buen sabor de boca.

A lo que voy, es que una vez que pasas el sentimiento de frustración porque los productores sólo te traen como estúpido viendo y viendo capítulos, hay veces en que tu paciencia y fidelidad son recompensadas. Sí gente, cuando ustedes se preguntan… ¿por qué demonios sigo viendo esto? llegan momentos extremadamente esperados, que sirven de respuesta a esta desesperada pregunta.

Entonces, he aquí la pregunta  que seguramente rondó la mente de algunas hace unos días: 40 capítulos y contando… ¡¿Por qué sigo viendo Las Aparicio si tienen a un fantasma, dos entrometidos,  muchos pendejos y escenas Juliana a medias?!

Y ayer, obtuvimos nuestra respuesta… (vean los últimos 5 minutos, ya saben)

¿Una respuesta suficientemente buena para ustedes?

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Carta adelantada a los reyes

Queridos reyes magos,

Yo sé que apenas es junio, pero nunca es demasiado temprano para pedir las cosas, ¿no creen? Y además sólo les voy a pedir algo muy simple. Resulta que desde hace tiempo he descubierto una faceta de mí que nunca creer tener. No estoy segura de cuándo me di cuenta, ni mucho menos les podría decir cuándo empezó. Haciendo memoria, quizá fue después de haber ido a ver Rent en vivo por segunda vez en una versión amateur de una escuela de actuación. La frase que se me queda es: “¡Amo los musicales!”.

Luego vino Glee. Descubrí que era mi sueño hecho realidad hecho serie: música, historias tontitas, cantantes, bailes, coreografías, ¡músicales! Leí por ahí que iba a ser la serie más gay en la televisión, y yo no me atreví a cuestionar esto. Pero luego, después de muchos años de no tenerle gusto a eso que llaman “pop”, llegó… Lady Gaga. ¿Quién es esa  vieja?, fue lo primero que me pregunté al escuchar que la mencionaban. Y de ahí hay un gran vacío entre ese momento y el día en que compré su disco y mágicamente tenía todas sus canciones en mi i-pod. Sí, Lady Gaga, la de los atuendos súper extravagantes (“súper” se queda corto), la de los videos y shows llenos de colores y diamantinas y brillitos y confetti y todas esas cosas que en ningún momento pensé que me gustarían.

Y entonces me di cuenta de dos cosas. La primera es que, muy en el fondo, yo, namezne, soy un hombre gay. Y no sólo eso, sino un cliché de hombre gay, como los que salen en Will & Grace y se mueren por Madonna y Cher y ellas. Bueno, pues Lady Gaga es mi Madonna (qué fuertes declaraciones), como la es para muchos en esta época. Pero bueno, el otro descubrimiento que surgió casi inmediatamente fue que, oh dios, no tengo nadie con quién desahogar esos gustos. Entonces la conclusión subsecuente fue: necesito un amigo gay. Y verán, ya tengo amigos gays, pero… no gays así. Yo quiero un cliché, queridos reyes. Quiero un cliché con el que pueda ir a los conciertos de Lady Gaga y poder hacer maratones de Glee con palomitas light. Y de paso, que se burle de mis lenchadas y yo me burle de sus… ahm, ¿mariconadas?

Queridos reyes, ustedes se tienen el uno al otro, yo no tengo a nadie 😦 *sniff sniff*. Espero que al escuchar mi triste historia hagan un esfuerzo de cumplirme esta petición que les traigo, por lo menos antes de que a) se estrene Sex and the City 2 (ah sí, ahora resulta que ya también soy súper fan… quién lo iba a decir), b) se estrena la nueva temporada de Glee, o c) Venga Lady Gaga a México. Que conste que les doy tiempo.

Con amor,

namezne.

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“¿Clenchita?”

Cuando hablé de Las Aparicio hace poco, comenté que lo que me había fascinado (entre otras cosas) era el hecho de que habían dicho “lencha” en televisión. Creo que nunca lo había oído, ni en cable ni en tv abierta, por lo que me causó cierta emoción ñoña. Y es que antes de que descubriera dicha palabra, siempre tenía que usar el adjetivo “gay” o en su defecto, la palabra “chica gay”, porque (confesión) la palabra “lesbiana” no es mucho de mi agrado. No sé, es un trauma raro que tengo, pero poco a poco lo voy superando 🙂

Un día, casi cuando acababa de entrar a basket, hubo una junta de todos los equipos representativos de la escuela, con el director. Así que nos pusieron a todos en las gradas del gimnasio. Yo no conocía a muchas niñas en ese momento, sólo me medio llevaba con una, así que me senté a su lado. En lo que empezaba la dichosa junta, pasó una chava a la que siempre yo había visto y pensado “soo gay!”, pero como en ese punto de mi vida aún no tenía mucha confianza en la exactitid de mi gaydar, pues decidí que “nah, sólo era medio macho”. 

Pero entonces, la chava (de la que en ese momento yo también sospechaba, cabe destacar) que estaba a lado de mí, me dijo: “Ash, cómo me caga esa tipa”, refiriéndose a la que yo pensaba que era gay. En ese punto yo ya me había dado cuenta de que ella odiaba a mucha gente, pero de todas formas hice la pregunta obligada: ¿Por qué? Y ella me respondió: “Ay no sé, es super odiosa y super… clenchita“. Ajá, ahora ¿qué fregados es clenchita? Eso mismito le pregunté, y como respuesta obtuve dos cosas: una mirada de “wtf! ¿vives bajo tierra o qué?” y la respuesta real: “lesbiana”.

Pues no entendí de dónde se relacionaba clenchita con lesbiana, pero decidí que era mejor dejarlo ahí porque ya había quedado como una inocente inculta frente a mi única amiga de basket. Más tarde, no sé cuánto tiempo más tarde, otra chava y mi amiga mencionaron la palabra “lencha” y “lenchita”. Y fue así de “ahhhhhhhh… ¡con que eso era!”. Ahora sí me pareció más lógico. Pero hice como que había entendido desde el principio y empecé a usar la palabra.

Luego, me di cuenta de que se podía usar como sustantivo así que fui aun más feliz. Ya no tenía que decir: “Estoy viendo programas de temática lésbica en YouTube”. Digo, no es que lo dijera, obviamente (qué pena). Pero ahora podía ser un poco más honesta y al mismo tiempo un tanto vaga en mi respuesta, diciendo: “Ah, veía lenchadas”.

Yo tengo curiosidad, ¿en todas partes se conoce la palabra? ¿Sí es muy común? Je, disculpen el trauma, quizá sea el ocio de las vacaciones.

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El clásico: “¿pero qué carajos estaban pensando?”

Ok, para aclarar, saben que yo estoy totalmente en contra de la homofobia (duh), y de esas cosas, y que pienso que no tiene nada de malo dar muestras públicas de afecto con tu pareja homosexual*…. pero vamos, que hay de muestras a muestras, ¿no creen?

*si te da penita, pues ya es otra cosa xD.

Verán, resulta que un día después de haberme matado dos horas y media estudiando física, mis amigas, mi chica y yo, decidimos ir a tomarnos un helado (o en mi caso, un agua fresca) a un local que está en las afueras de un supermercado. Ahí estábamos, cuando entonces apareció la chava a quien mi chica y yo bautizamos como “la lencha”. Remítanse al post de la chava de basket que es super gay pero tenía novio y eso. ¿La recuerdan? Bueno, pues resulta que ya no tiene novio. No, de hecho ahora tiene noviA. Ja.

De hecho, estábamos en que apareció en el supermercado, ¿no? Pues apareció precisamente con su nueva novia, así super cariñositas agarradas de la mano. Las dos chicas iban caminando, cuando de repente, justo en medio del pasillo, así de la nada, se detienen, se ponen una en frente de la otra, y comienzan a besarse. Ok, es un beso de cariñito, así normalito e inocente. Pero entonces sus besos comenzaron a subir de clasificación, de B a C, y de repente ¡ya teníamos una escena tipo The L Word, ahí mismo en el súper! Ok, exagero. AHÍ todavía no era una escena tipo TLW. Las chavas se separaron (por fin) y se movieron hacia la puerta del otro lado. Yo dije “ah bueno, ya se van”. ¡Pero NO! Resulta que más bien sólo estaban cambiando de locación. Ésta vez eligieron un rincón (literal un ricón) a lado de la puerta. Y ahí sí…. Yo sólo voltée y vi muchas manos y piernas por todas partes, en una gran masa que podrían o no haber sido dos personas… y decidí ya no ver.

Ahora, yo le veo dos problemas a esta situación. Ok, es momento de que un beso, un abrazo, entre mujeres se tome como algo normal, ¡pero no una quasi-agarrón! Hasta yo me quedé con cara de WTF! Y además, no entendí su pensamiento: “vamos a agarrarnos a la mitad del pasillo de la plaza”. Muy lógico, me parece. Y bueno, cabe destacar que el lugar está plagado de señoras conservadoras que van a hacer el súper ahí, por lo que las miradas incómodas no faltaron. No veo lo atractivo de eso.

Quizá yo sea demasiado “conservadora” en ese sentido, y esté haciendo un gran alboroto acerca de algo equis. La cosa es que me molestan esas personas que se exhiben sólo para llamar la atención, y me parece que esta chava es una de ellas. No sólo por este acontecimiento, sino por mi convivencia previa con ella. ¿Ustedes qué opinan? ¿Exagero?

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La bolsa de mano

Después de este viaje he llegado a la conclusión de que no puedo engañar a nadie.

Verán, fui a Veracruz 4 días por cosas de la escuela. Por esta misma razón, cuando llegamos allá lo primero que hicieron fue checarnos las maletas, para ver si no traíamos cosas chistosas y así (pornografía, alcohol, drogas… comida). Entonces cuando era mi turno, la monitora me preguntó: “¿No traes bolsa de mano?”. A mí se me salió una risita, y mis amigas también se burlaron un poco. Yo dije que no, y ellas también comentaron eso, con un tono medio burlón como de “ahmm  no creo que traiga eso…”.

Nos quedamos en un hotel bonito y todo, con cuartos de cuatro camas. Así que yo estuve con tres amigas, con las que más me llevo, y una de las monitoras, la que me había preguntado lo de la bolsa. Era buena y todo, pero no habíamos hablado mucho con ella.

En la tarde de ese primer día, fuimos a un lugar con mucha arena e hicieron un concurso de a ver quién hacía la mejor escultura de arena. Mis amigas de yo no somos NADA creativas, entonces fue así de “ahmm… ¿hacemos algo?”. Alguien dijo: “Seh… una… ¡tortuga!”. Y tortuga fue. Pero como vimos que todos le ponían nombres muy profundos a sus obras de arte, decidimos, en el último minuto ponerle “Rana” a nuestra tortuga, porque representaba los problemas de identidad que todos tenemos. Traducción: la jalada más grande que han escuchado en su vida, como producto de la falta de imaginación y tiempo.

Al final, “Rana, la tortuga” quedó en 2do lugar, lo cual fue muuuucho más de lo que esperábamos. En la noche la monitora nos dijo que había podido saber muchas cosas de algunas de nosotras por la escultura. Pero no dijo nada más. A la mañana siguiente ella misma nos comentó que alguien de nosotras tres hablaba dormida, más específicamente una de las dos que dormía en la litera. Yo dormí en la litera, pero no hablo sola… supuestamente. Poco a poco, la monitora fue soltando la sopa de qué decía la susodicha… “te quiero… te quiero…”. Casi antes de irnos a dormir, ahí en el cuarto, por fin dijo que además del “te quiero”, también se mencionaba un nombre. Una de mis amigas dijo un nombre de mujer, y la monitora hizo cara de “sí que sí”. Así que ahí supimos quién había sido.

Yo me apené un poco, pero en eso la chava dijo “a ver señorita rana-tortuga… ya cuéntame”. Y pues le conté los detalles esenciales, y ella me contó que como el 90% de sus amigas son gay. Qué cosas, y qué pequeño es el mundo. Entonces dijo lo que me hizo llegar a la conclusión antes expuesta en esta entrada: “sí, pues desde que te vi supe… ahora sí que perdón por pedirte tu bolsa de mano jaja, se te ve como a kilómetros”. Graaaacias. No es como que me importe, sólo me parece curioso.

Así que esa fue una de las divertidas historias que surgieron en este viaje tan… er, interesante. ¿Me extrañaron? Ja.

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